sábado, 25 de julio de 2026

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL NO DISEÑA SOLA: EL CRITERIO SIGUE SIENDO HUMANO

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL NO DISEÑA SOLA: EL CRITERIO SIGUE SIENDO HUMANO

 

Una reflexión sobre el uso responsable de la IA en el taller arquitectónico y la formación crítica de los futuros arquitectos.

 


Enrique Adolfo Simmonds Barrios

Arquitecto. Magíster en Informática Educativa

Facultad de Arquitectura e Ingeniería Industrial

Docente de la Institución Universitaria de Colombia

Bogotá, julio de 2026.


 

LA IA YA ENTRÓ AL TALLER DE ARQUITECTURA

La inteligencia artificial ya está presente en el taller de arquitectura. No llegó como una asignatura nueva, ni como un contenido formalmente incorporado al plan de estudios, ni como una tecnología que esperó pacientemente a que los docentes resolviéramos todas nuestras dudas. Llegó de manera silenciosa, rápida y cotidiana: en las consultas de los estudiantes, en las imágenes generadas, en las ideas iniciales de proyecto, en los textos de justificación y en esas respuestas que, por su aparente claridad, pueden parecer suficientemente buenas como para dejar de pensar.

 




Por eso, la pregunta importante ya no es si los estudiantes van a usar inteligencia artificial. En muchos casos, ya la están usando. La pregunta más profunda es otra: ¿qué parte del diseño arquitectónico puede ser apoyada por una herramienta y qué parte debe permanecer bajo el juicio consciente del estudiante?

 

Desde mi experiencia docente, el problema no está en que un estudiante consulte ChatGPT, Gemini o una plataforma de generación de imágenes. El verdadero problema aparece cuando una respuesta rápida se acepta como si fuera una decisión proyectual. Una cosa es recibir una sugerencia; otra muy distinta es renunciar a la reflexión.

 

Schön (1992) recuerda que la formación profesional se fortalece cuando quien aprende actúa, observa lo que ocurre, reflexiona sobre sus decisiones y vuelve a reformular. En arquitectura, este proceso es fundamental. El estudiante no aprende únicamente cuando entrega una lámina final; aprende cuando duda, corrige, compara, escucha una crítica, reformula una idea y comprende por qué una decisión funciona o por qué debe ser descartada.

 

En este sentido, si la inteligencia artificial se utiliza para enriquecer ese proceso, puede convertirse en una herramienta valiosa. Pero si se usa para evitarlo, el taller pierde una parte esencial de su sentido formativo.

 


DISEÑAR NO ES SOLO GENERAR IMÁGENES

Diseñar no equivale a producir una imagen atractiva. Tampoco consiste únicamente en encontrar una forma llamativa en pocos minutos. La arquitectura no se reduce al impacto visual de una lámina, a la seducción de un render o a la rapidez con la que una plataforma puede generar varias alternativas formales.

 




Diseñar implica leer un lugar, comprender a unos usuarios, reconocer condiciones ambientales, interpretar restricciones técnicas, establecer prioridades, explorar alternativas y justificar decisiones. Un proyecto arquitectónico no nace solamente de una imagen; nace de una relación compleja entre contexto, necesidad, técnica, cultura, espacio y responsabilidad social.

 

Cross (2005) explica que el pensamiento de diseño articula exploración, restricciones, alternativas y evaluación. Esta idea resulta especialmente pertinente en tiempos de inteligencia artificial, porque muchas herramientas pueden producir opciones visuales con gran velocidad, pero no necesariamente comprenden el problema arquitectónico que está detrás de esas opciones.

 

Por esta razón, la inteligencia artificial puede ampliar el campo de exploración, pero no debe confundirse con el proceso completo de diseño. Salazar González, Alonso Rivera y Campos Delgado (2024) muestran que los algoritmos pueden apoyar la exploración formal dentro de experiencias de enseñanza-aprendizaje en diseño arquitectónico, siempre que hagan parte de una estrategia pedagógica clara y no de una simple delegación automática del problema.

 

La diferencia parece pequeña, pero es decisiva: ampliar posibilidades no significa entregar el criterio. La herramienta puede sugerir caminos; el estudiante sigue siendo quien debe preguntarse cuál de ellos tiene sentido, cuál responde al lugar, cuál atiende mejor las condiciones del proyecto y cuál puede ser defendido con argumentos.

 


EL ESTUDIANTE DEBE APRENDER A DECIDIR

En el taller arquitectónico, uno de los aprendizajes más importantes no es producir muchas opciones, sino aprender a decidir entre ellas. Esta capacidad no aparece de manera inmediata. Se construye lentamente, a través de ejercicios, errores, conversaciones, correcciones y momentos de confrontación entre lo que el estudiante imaginó y lo que el proyecto realmente exige.

 




La inteligencia artificial puede entregar diez alternativas en pocos segundos. Sin embargo, tener diez alternativas no significa comprender mejor el problema. A veces puede ocurrir lo contrario: la abundancia visual puede convertirse en ruido si el estudiante todavía no posee criterios claros para seleccionar, transformar o rechazar lo que recibe.

 

Villalobos, King y Valassina (2024) señalan que el uso de IA en experiencias educativas de arquitectura depende de factores como el prompt, la iteración y la validación tradicional. Esto permite reconocer que la herramienta no produce conocimiento por sí sola. Su valor depende de la calidad de la pregunta, del proceso de revisión y de la capacidad humana para evaluar los resultados.

 

En esta misma línea, Osorio Salazar (2025) plantea la idea de cocreación proyectual entre inteligencia artificial y arquitectura. Esta perspectiva resulta valiosa porque no ubica a la IA como autora absoluta ni al estudiante como simple ejecutor. Más bien, propone una relación en la que la herramienta participa en la generación de alternativas, mientras el ser humano conserva la dirección crítica del proceso.

 

Esto es especialmente importante en los primeros semestres de formación. Un estudiante de arquitectura que apenas está consolidando su manera de mirar, representar y argumentar puede sentirse fascinado por una imagen generada con rapidez. Pero el taller debe ayudarle a ir más allá de esa fascinación inicial. La pregunta no puede ser solamente: “¿se ve bien?”. La pregunta debe ser: “¿qué problema resuelve?, ¿por qué esta alternativa es pertinente?, ¿qué condiciones del lugar reconoce?, ¿qué decisiones técnicas y espaciales la sostienen?”.

 


LA IMAGEN GENERADA TAMBIÉN DEBE SER INTERROGADA

Una imagen producida con inteligencia artificial puede resultar convincente. Puede mostrar vegetación abundante, personas caminando, luz cálida, espacios amplios, texturas cuidadas y una atmósfera aparentemente habitable. Sin embargo, una imagen atractiva no garantiza un proyecto arquitectónico responsable.

 




Un espacio público generado por IA puede verse amable, contemporáneo y lleno de vida, pero no responder a pendientes reales, accesibilidad universal, drenaje, seguridad, escala urbana, materialidad, mantenimiento, normativa o condiciones concretas de una ciudad como Bogotá. La imagen puede mostrar un futuro terminado; el proyecto exige explicar cómo se llega a él.

 

Martínez Osorio y Castellanos-Tuirán (2023) advierten que la inteligencia artificial aplicada a la arquitectura, el urbanismo y el diseño debe analizarse considerando sus posibilidades creativas, pero también sus limitaciones. Entre ellas se encuentran los problemas de contexto, sesgo, control humano y pertinencia de los resultados generados.

 

Por ello, el taller no debería limitarse a aceptar o rechazar imágenes generadas por IA. Debería enseñar a interrogarlas. Cada imagen puede convertirse en una oportunidad para preguntar: ¿qué información utilizó la herramienta?, ¿qué condiciones omitió?, ¿qué decisiones exageró?, ¿qué elementos son poco viables?, ¿qué aspectos deben verificarse antes de incorporar esa representación al proyecto?

 

En consecuencia, la imagen deja de ser un objeto de admiración inmediata y se convierte en material de análisis. No se trata de prohibirla, sino de leerla críticamente. En arquitectura, mirar también significa evaluar.

 


EL DOCENTE NO DEBE LIMITARSE A VIGILAR

Frente a la inteligencia artificial, el papel del docente no puede reducirse a vigilar si el estudiante usó o no usó una herramienta. Esa mirada termina convirtiendo la tecnología en una amenaza externa y el aula en un espacio de sospecha permanente.

 




El desafío pedagógico es más profundo: convertir el uso de la IA en una oportunidad para hacer visible el razonamiento. No basta con preguntar si el estudiante utilizó inteligencia artificial. Es necesario preguntar cómo la utilizó, para qué la utilizó, qué decisiones tomó después de recibir una respuesta y qué elementos decidió conservar, modificar o rechazar.

 

La UNESCO (2024) plantea que el uso de IA generativa en educación debe acompañarse de supervisión humana, transparencia, criterios éticos y fortalecimiento de capacidades críticas. Esta orientación resulta pertinente para el taller arquitectónico, porque permite desplazar la discusión desde la simple prohibición hacia la formación de un uso responsable.

 

En términos prácticos, esto puede traducirse en acciones sencillas: solicitar el registro de prompts relevantes, pedir al estudiante que explique qué respuestas descartó, comparar los resultados con fuentes confiables, revisar versiones intermedias, justificar modificaciones y mostrar cómo la herramienta influyó —o no— en las decisiones proyectuales.

 

De esta manera, la inteligencia artificial deja de operar como una caja negra y comienza a formar parte de una bitácora de proceso. El interés pedagógico ya no se concentra solamente en el producto final, sino en la calidad de las decisiones que hicieron posible ese resultado.

 


USAR IA NO DEBERÍA SIGNIFICAR DEJAR DE PENSAR

El problema no es usar inteligencia artificial. El problema es usarla sin criterio. En arquitectura, esta diferencia es fundamental.

 




Un estudiante puede apoyarse en IA para organizar ideas, explorar referentes, formular preguntas iniciales, comparar alternativas o revisar la claridad de una explicación. Estos usos pueden enriquecer el aprendizaje si están acompañados por reflexión, verificación y responsabilidad.

 

Sin embargo, también puede ocurrir lo contrario. La herramienta puede convertirse en un atajo cuando reemplaza la observación del lugar, la lectura del contexto, la comprensión del usuario o la argumentación del proyecto. En ese caso, la IA no fortalece el aprendizaje; lo debilita.

 

Por consiguiente, el taller debe enseñar a formular mejores preguntas. No se trata solamente de pedirle a una plataforma que genere “un proyecto moderno”, “un espacio sostenible” o “una propuesta innovadora”. Se trata de aprender a preguntar con intención arquitectónica: ¿cómo puede responder este espacio a las condiciones climáticas del lugar?, ¿qué relación establece con el usuario?, ¿qué conflictos urbanos debe considerar?, ¿qué decisiones técnicas hacen viable esta propuesta?

 

En este punto, la alfabetización digital no puede limitarse al manejo de herramientas. Debe incluir ética, criterio, verificación, autoría y capacidad de argumentación. La inteligencia artificial puede apoyar el proceso, pero no debe sustituir la responsabilidad intelectual del estudiante.

 


AUTORÍA, ÉTICA Y RESPONSABILIDAD EN EL PROYECTO

La llegada de la inteligencia artificial también obliga a conversar sobre autoría. ¿De quién es una imagen generada a partir de un prompt? ¿Qué debe declarar el estudiante cuando una herramienta participó en la construcción de una idea? ¿Hasta qué punto una propuesta sigue siendo propia si quien la presenta no puede explicar sus decisiones principales?

 




Soltero-Leal (2025) señala que la relación entre inteligencia artificial, arte, diseño y educación está atravesada por preguntas sobre innovación, regulación y desafíos éticos. Estas preguntas no pueden quedar por fuera del taller. Si la arquitectura forma profesionales que intervienen la ciudad, el territorio y la vida cotidiana de las personas, entonces la discusión ética no es un complemento: es parte del núcleo de la formación.

 

Un estudiante que usa IA de manera responsable no es quien evita toda ayuda automática. Tampoco es quien acepta todo lo que la herramienta entrega. Es quien sabe cuándo pedir apoyo, cómo formular una solicitud, cómo evaluar los resultados, cómo reconocer límites y por qué rechazar una propuesta cuando contradice el sentido del proyecto.

 

En arquitectura, la responsabilidad no desaparece porque una imagen haya sido generada por un sistema. La decisión de usarla, ajustarla, defenderla o descartarla sigue siendo humana.

 


UNA TECNOLOGÍA RÁPIDA PARA UNA FORMACIÓN QUE SIGUE SIENDO LENTA

La inteligencia artificial puede acelerar algunas tareas. Puede sugerir caminos, organizar información, producir imágenes iniciales, ayudar a comparar alternativas y abrir preguntas que el estudiante no había considerado. Todo eso puede ser valioso si se integra con intención pedagógica.

 




Pero formar criterio arquitectónico sigue siendo un proceso lento. Se aprende a diseñar mirando con atención, escuchando críticas, equivocándose, volviendo sobre una idea, comprendiendo el lugar, estudiando referentes, representando con claridad y defendiendo decisiones frente a otros.

 

Ninguna herramienta sustituye esa experiencia formativa. La IA puede producir una imagen en segundos, pero no puede vivir por el estudiante el proceso de comprender por qué esa imagen tiene sentido o por qué debe ser descartada.

 

Por ello, el verdadero desafío no consiste en expulsar la inteligencia artificial del taller, sino en impedir que reemplace aquello que hace valiosa la formación arquitectónica: la construcción de criterio. La tecnología puede acompañar, pero no debe empobrecer el pensamiento. Puede ampliar posibilidades, pero no debe cancelar la pregunta. Puede generar imágenes, pero no debe sustituir la responsabilidad de proyectar.

 


A MODO DE CIERRE…

Formar arquitectos en tiempos de inteligencia artificial exige defender algo más profundo que la destreza tecnológica. Exige formar estudiantes capaces de asumir una posición frente a lo generado.

 




La herramienta puede acelerar, sugerir y representar. Pero el criterio arquitectónico se forma lentamente, mediante errores, conversaciones, lecturas, observaciones y decisiones argumentadas. Esa formación sigue siendo, y debe seguir siendo, profundamente humana.

 

La pregunta final, entonces, no es solamente si la inteligencia artificial puede ayudar a diseñar. La pregunta más importante es si estamos formando estudiantes capaces de pensar críticamente aquello que la inteligencia artificial les ayuda a producir.

 


REFERENCIAS

Cross, N. (2005). Métodos de diseño: estrategias para el diseño de productos. Limusa-Wiley.

Martínez Osorio, P. A., & Castellanos-Tuirán, A. (2023). Inteligencia artificial en arquitectura, urbanismo y diseño: Abriendo nuevas fronteras creativas. Procesos Urbanos, 10(1), e617. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=9821836

Osorio Salazar, L. E. (2025). Cocreación proyectual entre inteligencia artificial y arquitectura. Temas de Arquitectura, 15(1), 124–138. https://dayajournal.uazuay.edu.ec/index.php/daya/article/view/852

Salazar González, G., Alonso Rivera, R., & Campos Delgado, D. (2024). Enseñanza-aprendizaje en el diseño arquitectónico: Explorando la forma con algoritmos de búsqueda. DAYA. Diseño, Arte y Arquitectura, (17), 19–37. https://revistas.uazuay.edu.ec/flip/daya/17/daya_17_01.pdf

Schön, D. A. (1992). La formación de profesionales reflexivos: Hacia un nuevo diseño de la enseñanza y el aprendizaje en las profesiones. Paidós. https://books.google.com.co/books/about/La_formaci%C3%B3n_de_profesionales_reflexivo.html?id=KCA8PwAACAAJ&redir_esc=y

Soltero-Leal, S. (2025). La inteligencia artificial en arte, diseño y educación: Innovación, regulación y desafíos éticos. (Pensamiento), (Palabra)… Y Obra, (34), e22852. http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&pid=S2011-804X2025000200010&lng=en&nrm=iso&tlng=es

UNESCO. (2024). Guía para el uso de IA generativa en educación e investigación. Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. https://www.unesco.org/es/articles/guia-para-el-uso-de-ia-generativa-en-educacion-e-investigacion

Villalobos, R., King, C., & Valassina, F. (2024). El papel de la IA en los procesos educativos en arquitectura, estudio de casos y consideraciones éticas. Arteoficio, (19/20), 26–31. https://revistas.usach.cl/ojs/index.php/arteoficio/article/view/6955 

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