jueves, 11 de junio de 2026

Más allá de una materia: cultivar el pensamiento crítico sostenible en la formación integral del arquitecto

Más allá de una materia: cultivar el pensamiento crítico sostenible en la formación integral del arquitecto

La sostenibilidad no puede quedarse encerrada en una asignatura. En la formación del arquitecto, debe convertirse en una manera crítica de observar, proyectar, justificar y medir el impacto de cada decisión.



Enrique Adolfo Simmonds Barrios

Arquitecto. Magíster en Informática Educativa.

Facultad de Arquitectura e Ingeniería Industrial

Docente de la Institución Universitaria de Colombia

Bogotá, junio de 2026.

 

 

La sostenibilidad no puede ser una asignatura aislada

La enseñanza de la arquitectura enfrenta hoy una paradoja incómoda: se habla más que nunca de sostenibilidad, pero con frecuencia ese discurso queda encerrado en una sola asignatura, como si el compromiso con el entorno natural, urbano y social dependiera únicamente del profesor que la imparte.

 

Desde mi experiencia como docente de Biodiversidad y Desarrollo Sostenible con estudiantes de arquitectura de sexto semestre, he llegado a una convicción pedagógica central: la sostenibilidad no es un tema paralelo al diseño, sino una condición de base para proyectar con responsabilidad. Esta idea recoge el sentido central del artículo original, en el cual la experiencia docente sirve como punto de partida para defender una formación arquitectónica más crítica y ambientalmente consciente.

 

En ese sentido, los estudiantes no partían de cero. En el semestre anterior habían cursado Bioclimática, lo cual permitió asumir un punto de partida fundamental: hablar de arquitectura sostenible implica, necesariamente, reconocer la arquitectura bioclimática como una base técnica, ambiental y proyectual.

 

Sin embargo, el reto del curso no consistía solo en profundizar en estrategias ambientales, sino en avanzar hacia una dimensión más amplia: cultivar el pensamiento crítico sostenible como una actitud permanente en la formación del arquitecto. De acuerdo con Morin (2001), la educación del futuro debe ayudar a comprender sistemas complejos e interconectados; en arquitectura, esa complejidad se expresa con claridad, porque cada proyecto transforma un lugar, consume recursos, altera relaciones sociales, modifica paisajes y deja huellas sobre el territorio.

 




De la bioclimática al pensamiento crítico sostenible

El pensamiento crítico sostenible no consiste únicamente en conocer materiales ecológicos, sistemas de ahorro energético o estrategias de aprovechamiento del agua. Implica algo más profundo: la capacidad de analizar, justificar y medir las consecuencias de las decisiones proyectuales sobre el ambiente, la ciudad y la vida de las personas.

 

Por esta razón, la formación del arquitecto no puede reducir la sostenibilidad a una lista de recomendaciones técnicas. Diseñar de manera sostenible exige observar el lugar, comprender sus condiciones climáticas, reconocer sus dinámicas sociales, valorar sus recursos y tomar decisiones con criterio.

 

Además, esta mirada permite superar una confusión frecuente: creer que un proyecto es sostenible porque incorpora ciertos dispositivos o porque utiliza un lenguaje visual asociado a lo “verde”. La arquitectura sostenible no se define por una apariencia, sino por la coherencia entre el análisis del contexto, las decisiones de diseño y los impactos verificables que produce.

 

En esta línea, Olgyay (2002) plantea que el diseño responsable comienza por interrogar el entorno antes de proponer una forma. Esta idea sigue siendo profundamente vigente: antes de dibujar, modelar o representar, el estudiante debe aprender a preguntar.




 

Preguntar antes de proyectar

El punto de partida del semestre fue deliberadamente reflexivo. En la primera sesión, los estudiantes se enfrentaron a una lectura que proponía una pregunta incómoda: ¿es la arquitectura sostenible un paradigma consolidado, una moda pasajera o una necesidad impostergable?

 

A partir de este ejercicio, el propósito no era encontrar una respuesta única, sino activar el pensamiento crítico desde el inicio. Se buscaba que los estudiantes cuestionaran los supuestos con los que llegaban al curso y revisaran qué entendían realmente por sostenibilidad.

 

Como resultado de esa discusión, apareció un hallazgo pedagógico valioso: muchos estudiantes reconocieron que, aunque ya habían trabajado herramientas bioclimáticas, todavía no habían pensado la sostenibilidad como una postura ética y profesional de largo plazo.

 

En consecuencia, el curso no podía limitarse a enseñar contenidos. Debía abrir un espacio para que los estudiantes relacionaran conocimiento técnico, responsabilidad social, criterio ambiental y toma de decisiones proyectuales. En arquitectura, esa relación es decisiva, porque el proyecto no es un ejercicio neutro: siempre interviene una realidad.

 

Los ODS como marco para decidir, no como lista decorativa

Luego de ese primer momento crítico, el semestre avanzó hacia una exploración más estructurada. Los estudiantes estudiaron y analizaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030, identificando cuáles de ellos tienen una relación directa con las decisiones del arquitecto: ciudades inclusivas, energía limpia, gestión responsable del agua, reducción de la huella ambiental, sostenibilidad urbana y calidad del hábitat.

 

En particular, Naciones Unidas (s. f.) plantea, a través del Objetivo de Desarrollo Sostenible 11, la necesidad de lograr ciudades y asentamientos humanos inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles. Esta orientación resulta especialmente relevante para la formación arquitectónica, porque sitúa el proyecto más allá del objeto construido y lo vincula con la ciudad, el espacio público, la vivienda, la movilidad, la resiliencia y la vida colectiva.

 

No obstante, trabajar los ODS en el aula no puede convertirse en un ejercicio decorativo. No basta con mencionarlos en una presentación o asociarlos superficialmente a un proyecto. El desafío pedagógico consiste en convertirlos en preguntas de diseño: ¿qué decisión proyectual contribuye realmente a mejorar el uso del agua?, ¿cómo se reduce el consumo energético?, ¿qué impacto tiene el material elegido?, ¿de qué manera el proyecto mejora la relación con el entorno urbano?, ¿cómo se puede medir esa mejora?

 

Asimismo, la UNESCO (2020) ha señalado que la educación para el desarrollo sostenible busca fortalecer la contribución de la educación a la construcción de un mundo más justo y sostenible. Esta orientación confirma que la sostenibilidad no debe entenderse solo como información ambiental, sino como formación de capacidades para actuar responsablemente.




 

Diseñar con indicadores: cuando la sostenibilidad debe demostrarse

Uno de los momentos más importantes del semestre fue la formulación individual de estrategias sostenibles aplicadas a un futuro proyecto arquitectónico. Cada estudiante debía proponer decisiones concretas y acompañarlas con indicadores de medición de efectividad.

 

Este ejercicio fue clave porque obligó a pasar del discurso a la verificación. Para muchos estudiantes, fue la primera vez que pensaron su diseño como algo que no solo debía verse bien o responder a un concepto formal, sino también demostrar su impacto.

 

En este sentido, González Pozo (2016) señala que integrar la sostenibilidad en el diseño requiere criterios verificables que permitan evaluar el efecto real de cada decisión proyectual. Esta idea fue fundamental en el desarrollo del curso, porque permitió insistir en que la sostenibilidad no puede quedarse en una declaración de intención.

 

Por tanto, diseñar con indicadores no significa volver mecánico el proceso creativo. Significa darle rigor. Significa enseñar al estudiante que cada argumento proyectual debe poder sostenerse con claridad, coherencia y evidencia. En la formación del arquitecto, esto resulta esencial: no basta con afirmar que un proyecto es responsable; hay que explicar por qué, cómo y con qué efectos.




 

Materiales, energía y agua: decisiones con consecuencias

El semestre también incluyó un estudio detallado de materiales y técnicas sostenibles, organizado en tres ejes complementarios: materiales ecológicos de bajo impacto ambiental, sistemas de ahorro o generación de energía eléctrica, y sistemas de aprovechamiento o gestión eficiente del agua.

 

A diferencia de un inventario técnico, este módulo se trabajó como un repertorio de decisiones proyectuales con consecuencias concretas sobre el entorno construido y natural. La intención era que los estudiantes comprendieran que cada material, cada sistema y cada estrategia constructiva implica efectos sobre el consumo energético, el transporte, el mantenimiento, la durabilidad, los residuos y la relación con el contexto.

 

De acuerdo con Yeang (1999), los sistemas ambientales no deben añadirse como elementos superficiales, sino integrarse desde la comprensión del lugar, el clima y el comportamiento del edificio. Esa perspectiva permitió reforzar una idea central del curso: las soluciones sostenibles no deben elegirse por moda, sino por argumento.

 

Además, este enfoque resulta especialmente importante en un contexto donde la arquitectura suele ser presionada por imágenes atractivas, renders seductores y discursos de innovación que no siempre se traducen en responsabilidad ambiental. La sostenibilidad exige ir más allá de la apariencia: demanda análisis, coherencia y capacidad crítica.




 

El proyecto final como síntesis pedagógica

Todo el recorrido del semestre convergió en un ejercicio de diseño final: una propuesta sostenible situada en un contexto real, desarrollada como proyecto nuevo o como intervención sobre una edificación existente.

 

Para este cierre, la condición era clara: cada decisión debía estar sustentada, justificada, expresada gráficamente con rigor y acompañada de indicadores de efectividad. Este ejercicio permitió articular lectura crítica, análisis de ODS, estrategias bioclimáticas, selección de materiales, sistemas de energía, gestión del agua y argumentación proyectual.

 

Como sostiene Edwards (2008), la sostenibilidad en arquitectura debe entenderse como una actitud metodológica consciente y demostrable, no como una simple declaración de principios. Esa idea se hizo visible en los resultados del curso: los estudiantes lograron argumentar sus decisiones ambientales con mayor criterio, vincular la escala del edificio con la del espacio público y reconocer que la sostenibilidad no termina en la entrega de una asignatura.

 

De igual modo, ONU-Hábitat (2022) advierte que las ciudades necesitan prepararse mejor para responder a crisis, tensiones y transformaciones orientadas hacia futuros urbanos sostenibles. Esta mirada urbana amplía la responsabilidad del arquitecto: sus decisiones no se agotan en el edificio, sino que participan en la construcción de ciudad.

 

Formar arquitectos sostenibles es formar criterio

Reflexionar sobre esta experiencia reafirma que una asignatura como Biodiversidad y Desarrollo Sostenible tiene un potencial pedagógico que supera sus propios contenidos. Cuando se articula con saberes previos, como la bioclimática, y se orienta hacia capacidades futuras, como el pensamiento crítico sostenible, puede convertirse en un espacio de transformación genuina.

 

En esta misma dirección, la Carta UNESCO-UIA para la educación arquitectónica, actualizada por UNESCO y la Unión Internacional de Arquitectos (2023), mantiene vigente la necesidad de una formación arquitectónica conectada con la sostenibilidad, el contexto social y la responsabilidad profesional. Esta orientación confirma que formar arquitectos hoy implica mucho más que enseñar representación, técnica o composición formal.

 

En este sentido, el objetivo del curso no era que el estudiante memorizara estrategias sostenibles, sino que aprendiera a trasladar ese criterio a otros escenarios: el taller de diseño, el proyecto urbano, el espacio público, la intervención sobre edificaciones existentes y la práctica profesional futura.

 

Por consiguiente, la sostenibilidad debe dejar de verse como una materia que se aprueba y comenzar a entenderse como una forma de pensar que acompaña todo el proceso de formación. Un arquitecto no diseña solamente objetos; interviene relaciones entre clima, materia, cultura, ciudad, técnica y vida cotidiana.

 

A modo de cierre…

Más allá de una materia, cultivar el pensamiento crítico sostenible significa formar arquitectos capaces de preguntarse, antes de proyectar, qué efectos tendrá su obra sobre el lugar, sobre los recursos, sobre la ciudad y sobre quienes la habitan.

 

En consecuencia, la sostenibilidad no empieza cuando se agrega una estrategia ambiental al final del proyecto. Empieza mucho antes: cuando el estudiante aprende a mirar con atención, a dudar con criterio, a justificar sus decisiones y a comprender que cada línea dibujada puede contribuir a deteriorar o a cuidar el mundo que compartimos.

 

Por ello, la pregunta no es solo si estamos enseñando sostenibilidad en arquitectura. La pregunta más profunda es si estamos formando arquitectos capaces de pensar sosteniblemente cuando nadie se los esté exigiendo.







Referencias

Edwards, B. (2008). Guía básica de la sostenibilidad (2.ª ed.). Gustavo Gili.

 

González Pozo, A. (2016). Arquitectura bioclimática en un entorno sustentable. Universidad Nacional Autónoma de México. https://www.libros.unam.mx/arquitectura-bioclimatica-en-un-entorno-sustentable-9786070275180-libro.html

 

Morin, E. (2001). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Paidós. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000117740_spa

 

Naciones Unidas. (s. f.). Objetivo 11: Ciudades y comunidades sostenibles. Agenda 2030 en América Latina y el Caribe. https://agenda2030lac.org/es/ods/11-ciudades-y-comunidades-sostenibles

 

Olgyay, V. (2002). Arquitectura y clima: Manual de diseño bioclimático para arquitectos y urbanistas. Gustavo Gili.

 

ONU-Hábitat. (2022). World Cities Report 2022: Envisaging the future of cities. United Nations Human Settlements Programme. https://unhabitat.org/world-cities-report-2022-envisaging-the-future-of-cities

 

UNESCO. (2020). Educación para el desarrollo sostenible: Hoja de ruta. Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000374896

 

UNESCO & Unión Internacional de Arquitectos. (2023). UNESCO-UIA Charter for Architectural Education. https://www.uia-architectes.org/en/resource/unesco-uia-charter-for-architectural-education-revised-july-2023/

 

Yeang, K. (1999). The green skyscraper: The basis for designing sustainable intensive buildings. Prestel.

 

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