miércoles, 18 de diciembre de 2024

LA HABILIDAD DE LA AUTODISCIPLINA EN LA FORMACIÓN UNIVERSITARIA DEL ESTUDIANTADO

LA HABILIDAD DE LA AUTODISCIPLINA EN LA FORMACIÓN UNIVERSITARIA DEL ESTUDIANTADO

Enrique Adolfo Simmonds Barrios

Arquitecto Magíster en Informática Educativa

Facultad de Arquitectura e Ingeniería Industrial

Docente de la Institución Universitaria de Colombia

Bogotá; Diciembre 17/2024.

 

 

Dentro de todo proceso formativo, especialmente en educación universitaria, existe un componente que todo estudiante debe ejercitar y/o desarrollar para garantizar altos niveles de éxito estudiantil; tal es el caso de la autodisciplina. De acuerdo con Coelho (2023)[1], la disciplina evoca la capacidad de las personas para poner en acto principios relativos al orden y a la constancia en diversos escenarios. Entonces hablar de autodisciplina es aquella disciplina impuesta sobre uno mismo.

 


En este sentido, la autodisciplina podría incidir positivamente en la educación de los jóvenes y/o adultos, especialmente, en un contexto universitario, ya que, y según la Fundación Santander (2023)[2] en su portal Open Academy, esta ayuda a conseguir aquello que una persona se proponga, inclusive lo que parecería imposible, ya que la autodisciplina alude a la “fuerza de voluntad”.

 

Asimismo, puede ser interesante mencionar que, en este caso, la habilidad de la autodisciplina puede llegar a generar en los estudiantes mejores técnicas y/o conductas asociadas a su propia formación académica. No en vano se podría destacar que Peñalver (2022)[3] refiera en una publicación que la autodisciplina “es una habilidad esencial para el éxito académico y en la vida en general” y que, aunque no sea sencillo desarrollar en los aprendices, existen técnicas y estrategias que ayudarán en su logro.

 

En este orden de ideas, se comparten algunos propósitos que podrán favorecer la autodisciplina en el aula planteadas por Peñalver[4]:

·                     Establecer reglas claras y explicar las consecuencias de su incumplimiento.

·                     Fomentar la autodeterminación y la toma de decisiones responsables.

·                     Establecer límites claros para el comportamiento inapropiado.

·                     Ayudar a los estudiantes a desarrollar un plan para alcanzar metas y objetivos.

·                     Fomentar la responsabilidad personal y la honestidad.

·                     Enseñar técnicas de autorregulación, como la respiración profunda y la meditación para manejar las emociones.

·                     Fomentar la capacidad de esperar y de controlar los impulsos.

·                     Desarrollar la capacidad de concentración y minimizar distracciones.

·                     Fomentar la paciencia y la capacidad de manejar situaciones de estrés.

·                     Ejemplificar la autodisciplina y el autocontrol en el comportamiento del profesor.

 

Como cierre se podría decir que, la ejercitación de esta habilidad en cuestión será de gran valor y provecho para los estudiantes dentro de cualquier etapa formativa, pero con mayor fuerza en un contexto universitario, puesto que es aquí donde terminarán de robustecer sus bases personales, morales, éticas y profesionales para enfrentarse a escenarios reales fuera de los límites de la institución.

 


Autodisciplina en la formación.

Fuente: Blendex (2024)[5].



[1] Coelho, Fabián (2023). DISCIPLINA. Enciclopedia Significados. Disponible en: https://www.significados.com/disciplina/ (Consulta: 17/Dic/2024).

[2] Fundación Santander (2023). AUTODISCIPLINA: ¿POR QUÉ ES CLAVE PARA EL DESARROLLO PERSONAL Y PROFESIONAL? Portal Open Academy. Disponible en: https://www.santanderopenacademy.com/es/blog/autodisciplina.html (Consulta: 17/Dic/2024).

[3] Peñalver, Pablo (2022). DESARROLLANDO LA AUTODISCIPLINA EN EL AULA: ESTRATEGIAS Y TÁCTICAS. Portal FP Naranja. Disponible en: https://fpnaranja.com/desarrollando-la-autodisciplina-en-el-aula-estrategias-y-tacticas/ (Consulta: 20/Dic/2024).

[4] La información que se presenta está extraída de forma textual al artículo investigado.

[5] Blendex (2024). AUTODISCIPLINA PARA SER BILINGÜES. Portal empresarial. Disponible en: https://idiomasblendex.com/autodisciplina-para-ser-bilingues/ (Consulta: 20/Dic/2024).

martes, 12 de noviembre de 2024

LA LECTURA TÉCNICA EN LA FORMACIÓN UNIVERSITARIA

LA LECTURA TÉCNICA EN LA FORMACIÓN UNIVERSITARIA

Enrique Adolfo Simmonds Barrios

Arquitecto Magíster en Informática Educativa

Facultad de Arquitectura e Ingeniería Industrial

Docente de la Institución Universitaria de Colombia

Bogotá; Noviembre 11/2024.

 

 

Cada vez se aprecia con más preocupación dentro de las aulas universitarias como los estudiantes [en este caso, de arquitectura] parecen no valorar la importancia que tiene la lectura técnica dentro de su formación profesional. Actos sencillos como revisar con atención un documento de orientación para la presentación de trabajos y proyectos (el cual suele expresar: descripción detallada de la actividad, aspectos a evaluar, evidencias a presentar, entre otras), no suele ser leído por un número significativo de aprendices.

 


En este sentido, y basado en experiencias previas, en función a los resultados que se obtienen con una evidencia, se considera que aproximada y probablemente un 55% de los estudiantes toma el tiempo requerido para realizar dicha lectura, y el otro 45% parece omitirlo total o parcialmente; esta apreciación se fundamenta en los documentos que presentan como evidencia de una actividad particular. Expresiones como “Yo no vi eso”, “Yo no leí esa parte” se vuelven cada vez más repetitivas; esto, en definitiva, tiene importantes repercusiones en los resultados de aprendizaje presentados por los aprendices.

 

Asimismo, Huarca (2022)[1], extrayendo unos resultados obtenidos en la facultad de Psicología de la Universidad Católica de Santa María en Arequipa, Perú, llegaron a coincidir que existe una brecha del colegio a la universidad y que es relevante que desde los primeros años de formación universitaria trabajar con el estudiante la familiarización de textos propios de su carrera.

 

Al mismo tiempo, Suárez (s.f.)[2] afirma que no es habitual encontrar aprendices que se encuentren en la transición entre la educación media (hasta el grado 11vo) y la educación superior (específicamente la universitaria), con habilidades de lectura y escritura desarrolladas a tal nivel que puedan enfrentarse a textos técnicos con determinado nivel de confianza.

 

Junto a esto, se suma lo dicho por Cazas, Federman y Feld (2008; citado en Huarca, 2022), que es muy notoria la diferencia entre un tipo de lectura, que podría ser más de distracción, a otro tipo que genera infinidad de dificultades de comprensión y que, al final, podría conllevar a la desmotivación y el desaliento por parte de estudiante dentro de su formación.

 


Es por ello que, es de gran incumbencia que el profesorado promueva eficiente y efectivamente la lectura de textos técnicos dentro de los estudiantes en sus respectivas materias, puesto que esto podría elevar sustancialmente los procesos mentales de los aprendices, junto a las producciones recibidas de ellos. Además, que se debe contar con profesionales con una formación en la lectura acorde, tal y como lo refiere Rovira y López (2017)[3].



[1] Huarca Flores, Paola (2022). LA LECTURA EN LA EDUCACIÓN SUPERIOR Y EL ROL DEL DOCENTE EN SU DESARROLLO. Revista Cubana Educación Superior. Volumen 41. Número 1. La Habana. Enero – Abril 2022. Disponible en: http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0257-43142022000100010 (Consulta: 11/Nov/2024).

[2] Suárez G., Rodrigo A. (s.f.). LECTURA EN EDUCACIÓN SUPERIOR. Universidad de la Sabana. Bogotá, D.C. Disponible en: https://www.unisabana.edu.co/fileadmin/Archivos_de_usuario/Documentos/Documentos_Direccion_De_Estudiantes/E.A.Lectura_en_educacion_superior_OK.pdf (Consulta: 10/Nov/2024).

[3] Rovira, Yudith; López Ernesto (2017). LA LECTURA EN LA ENSEÑANZA UNIVERSITARIA. Revista de Ciencias Médicas de Pinar del Río. Número 21(3). Páginas 86-98. Disponible en: http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1561-31942017000300013&lng=es&tlng=es (Consulta: 10/Nov/2024).

martes, 8 de octubre de 2024

ESTRATEGIAS PARA APLICAR LA INTELIGENCIA EMOCIONAL DENTRO DE LAS PRÁCTICAS EDUCATIVAS

 ESTRATEGIAS PARA APLICAR LA INTELIGENCIA EMOCIONAL DENTRO DE LAS PRÁCTICAS EDUCATIVAS

Enrique Adolfo Simmonds Barrios

Arquitecto Magíster en Informática Educativa

Facultad de Arquitectura e Ingeniería Industrial

Docente de la Institución Universitaria de Colombia

Bogotá; Octubre 07/2024.

 

 

En la entrega anterior se pudo hacer todo un recorrido por lo que Daniel Goleman afirma es la Inteligencia Emocional (IE) y como ésta permite, en primera instancia, una autoregulación y autogestión de las emociones y sentimientos, y su importancia en un manejo efectivo de éstos, en especial, dentro del aula de clases (relaciones interpersonales docente – estudiante).

 

Al mismo tiempo, se pudo reconocer como existe evidencia científica que la aplicación de la IE en el ejercicio docente, ya sea en entornos presenciales o mediados por las TIC, ofrece resultados positivos y favorables en los procesos formativos, tal y como lo expresan literalmente Pertegal, Castejóny Martínez (2011, citado en Tacca, Tacca y Cuarez (2020))[1]: La efectividad y calidad del proceso de enseñanza tienen relación con las competencias sociales y emocionales del docente (página 3).

 

Ahora, en esta oportunidad, se compartirán ciertas estrategias que servirían a los docentes (y hasta estudiantes) para trabajar, aplicar y/o fomentar la Inteligencia Emocional dentro de las prácticas educativas realizadas a diario, esto con el propósito de propender entornos académicos más sanos y saludables tanto para la figura del formador, como la figura del aprendiz.

 

En este sentido, de acuerdo con la Universidad de La Sabana (2024)[2], cuando se desarrolla la IE, esto va contribuyendo al éxito personal y profesional de ambas partes, es por ello que el primer punto sugerido por ellos es el fomento de la autorreflexión, en tanto proceso que permite [primero] reconocer y [luego] comprender las propias emociones dentro del aula, evitando dejarse llevar por las emociones negativas.

 

Adicionalmente, y continuando con la fuente anterior, el siguiente aspecto sería el mostrar empatía con todas las personas que conforman la comunidad educativa universitaria, partiendo del hecho que antes de ser docentes, estudiantes, administrativos, etc., primero se es una persona humana, con historias de vida particulares, con acontecimientos externos a la institución, con realidades personales específicas.

 

Aunado a lo anterior, de acuerdo con Educrea Chile (2024)[3], hay que aumentar la capacidad de automotivarse y de motivar a los demás, de despertar en los estudiantes, y en el docente mismo, la estimulación en la realización de tareas, siento y transmitiendo el optimismo dentro de los entornos educativos. Esto se podría aumentar con el debido y adecuado reconocimiento dado a los aprendices.

 



Inteligencia Emocional.

Fuente: SM Educamos (2024).

 

En resumen, puede verse como con acciones estrategias concretas y sencillas, tanto los docentes como los estudiantes pueden favorecer entornos y procesos educativos mucho más sanos y saludables, y tal como lo refiere el portal SM Educamos (2024)[4], entre otras cosas, el buen manejo de la Inteligencia Emocional en el aula, ayuda a desarrollar habilidades para la vida y reduce también el acoso escolar puesto que fomenta la humanidad, empatía, comunicación y otros valores personales.



[1] Tacca, Daniel; Tacca, Ana; Cuarez, Renzo (2020). INTELIGENCIA EMOCIONAL DEL DOCENTE Y SATISFACCIÓN ACADÉMICA DEL ESTUDIANTE UNIVERSITARIO. RIDU Revista Digital de Investigación y Docencia Universitaria. Volumen 14. Número 1, Enero – Junio. Perú. e-ISSN: 2223-2516. Disponible en: http://www.scielo.org.pe/scielo.php?pid=S2223-25162020000100009&script=sci_abstract (Consulta: 23/Agosto/2024).

[2] Universidad de La Sabana (2024). INTELIGENCIA EMOCIONAL EN LA UNIVERSIDAD, CLAVE PARA EL RENDIMIENTO ACADÉMICO Y EL BIENESTAR GENERAL. Portal institucional. Disponible en: https://www.unisabana.edu.co/portaldenoticias/al-dia/inteligencia-emocional-en-la-universidad-clave-para-el-rendimiento-academico-y-el-bienestar-general/ (Consulta: 08/Octubre/2024).

[3] Educrea Chile (2024). 14 ESTRATEGIAS PARA ESTIMULAR LA INTELIGENCIA EMOCIONAL EN EL AULA. Portal institucional. Disponible en: https://educrea.cl/14-estrategias-estimular-la-inteligencia-emocional-aula/ (Consulta: 08/Octubre/2024).

[4] SM Educamos (2024). ¿CÓMO DESARROLLAR LA INTELIGENCIA EMOCIONAL EN EL AULA? Portal institucional. Disponible en: https://educamos.com/glb-la/blog-glb-la/como-desarrollar-la-inteligencia-emocional-en-el-aula/ (Consulta: 08/Octubre/2024).

sábado, 24 de agosto de 2024

INTELIGENCIA EMOCIONAL DENTRO DE LA PRÁCTICA EDUCATIVA

INTELIGENCIA EMOCIONAL DENTRO DE LA PRÁCTICA EDUCATIVA

Enrique Adolfo Simmonds Barrios

Arquitecto Magíster en Informática Educativa

Facultad de Arquitectura e Ingeniería Industrial

Docente de la Institución Universitaria de Colombia

Correo electrónico: enriquesimmonds@gmail.com

Bogotá; Agosto 23/2024.

 

 

Al hablar de emociones es posible entenderlas como reacciones de carácter psicológico y fisiológico; es decir, de la mente y del cuerpo, respectivamente, que pueden ser experimentadas como una respuesta ante estímulos o situaciones principalmente externas. Éstas suelen ser naturales en el ser humano y se expresan de forma automática.

 


Dentro de este ámbito, el afamado psicólogo, escritor, periodista Daniel Goleman propone una teoría conocida como Inteligencia Emocional (IE) que busca comprender de forma más clara la inteligencia más allá de los aspectos cognitivos. Savater (2023)[1], a respecto, afirma:

 

Hablamos ante todo de nuestra capacidad para dirigirnos con efectividad a los demás y a nosotros mismos, de conectar con nuestras emociones, de gestionarlas, de automotivarnos, etcétera. Dicho de otro modo, la inteligencia emocional alude a la capacidad para reconocer nuestros propios sentimientos y emociones, comprender cómo nos afectan y aprender a manejarlos de manera efectiva.

 

Asimismo, de acuerdo con Bello (2023)[2], esta Inteligencia Emocional (IE) reconoce la capacidad de asumir las propias emociones y las de otras personas, y cómo poder gestionarlas en determinadas situaciones. Tal reconocimiento irá permitiendo tener un mejor manejo de las relaciones personales y conseguir cambios positivos en el entorno circundante.

 

En este orden de ideas, en figura del educador o docente se considera de elevada importancia aplicación de esta teoría de Inteligencia Emocional en el aula de clases, con lo cual, permita tener un mejor dominio personal y del grupo, todo dentro del marco de un ambiente educativo saludable y relaciones interpersonales sanas (docente – estudiante y estudiante – estudiante).

 

Unido a lo anterior, Tacca, Tacca y Cuarez (2020)[3] afirman que existe evidencia científica que respalda el hecho que las emociones se relacionan con los resultados de aprendizaje tenidos con los estudiantes y que las emociones inciden en la formación. Se podría considerar que estos factores favorecerían positivamente y en gran medida las prácticas educativas.

 

Adicional a lo anterior, Pertegal, Castejóny Martínez (2011, citado en Tacca, Tacca y Cuarez (2020)), refieren: La efectividad y calidad del proceso de enseñanza tienen relación con las competencias sociales y emocionales del docente (página 3). Esto sugeriría que los educadores tienen la responsabilidad asumir y tomar riendas de su propia emocionalidad, especialmente, dentro del aula, en medio de los procesos educativos.

 


Enfatizando lo anteriormente expuesto, y extrayendo los resultados obtenidos por Tacca, Tacca y Cuarez (2020), se tiene que:

 

Los resultados muestran que existe correlación positiva entre la inteligencia emocional del docente y la satisfacción académica del estudiante. Asimismo, se observa que la correlación entre satisfacción académica y el componente interpersonal (relaciones interpersonales, responsabilidad social y empatía) es mayor respecto de las correlaciones con los otros componentes. Sin embargo, es importante mencionar que los componentes manejo de la tensión e intrapersonal también obtienen índices de correlación positivos y altos con la satisfacción académica. (página 12)

 

Además:

 

Según los resultados, los docentes de 45 años a más presentan mayor inteligencia emocional en comparación con los de menor edad (de 30 a 44 años). Estos resultados coinciden con la propuesta de Abanto, et al. (2000), Bar-On (2006), Brasseur et al. (2013), Luque-Reca et al. (2016) y Sharma (2017), quienes exponen que la inteligencia emocional se correlaciona con la edad. […] Los docentes de 45 años a más presentan mayor inteligencia emocional, lo que se traduce en un aporte a lo propuesto por Abanto et al. (2000) y Bar-On (2006). Como afirman Danvila y Sastre (2010), la experiencia del docente, que generalmente aumenta con la edad, se convierte en un factor que contribuye al desarrollo de la inteligencia emocional […]. (página 13)

 

Finalmente, lo presentado con los anteriores autores comienza a plantear que, en efecto, hay una relación positiva entre una Inteligencia Emocional de los docentes con los resultados obtenidos con los estudiantes, además que la experiencia docente y el crecimiento y maduración personal serán un componente que sumará a mejores experiencias de aprendizaje.



[1] Savater, Valeria (2023). ¿QUÉ ES LA INTELIGENCIA EMOCIONAL? La Mente es Maravillosa: Revista en línea de Psicología. Disponible en: https://lamenteesmaravillosa.com/daniel-goleman-teoria-la-inteligencia-emocional/ (Consulta: 21/Agosto/2024).

[2] Bello, Elena (2023). LA INTELIGENCIA EMOCIONAL DE DANIEL GOLEMAN: QUÉ ES Y CÓMO DESARROLLARLA. IEB School: Portal educativo. Disponible en: https://www.iebschool.com/blog/liderazgo-inteligencia-emocional-coach-management/ (Consulta: 21/Agosto/2024).

[3] Tacca, Daniel; Tacca, Ana; Cuarez, Renzo (2020). INTELIGENCIA EMOCIONAL DEL DOCENTE Y SATISFACCIÓN ACADÉMICA DEL ESTUDIANTE UNIVERSITARIO. RIDU Revista Digital de Investigación y Docencia Universitaria. Volumen 14. Número 1, Enero – Junio. Perú. e-ISSN: 2223-2516. Disponible en: http://www.scielo.org.pe/scielo.php?pid=S2223-25162020000100009&script=sci_abstract (Consulta: 23/Agosto/2024).

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