viernes, 6 de mayo de 2022

IMPORTANCIA DE LA PERTINENCIA DE CONTENIDOS EDUCATIVOS EN LOS PRIMEROS SEMESTRES DE UNA CARRERA

IMPORTANCIA DE LA PERTINENCIA DE CONTENIDOS EDUCATIVOS EN LOS PRIMEROS SEMESTRES DE UNA CARRERA

Arq. Enrique Adolfo Simmonds Barrios, MSc.

Docente de Introducción a la Arquitectura (Arquitectura)

Bogotá; Mayo 06/2022.

 

Algunas instituciones universitarias dentro de su pensum académico cuentan con algún curso propedéutico previo al curso del primer semestre o módulo, que permita a los estudiantes irse formando un panorama completo de lo que es y será la carrera a estudiar. Otra finalidad de este curso es también poder consolidar ciertos conocimientos, destrezas, habilidades que tienen éstos antes del inicio de su formación universitaria y que es deseable que ellos manejen.

 

En este sentido, cuando la institución educativa no cuenta con este tipo de curso introductorio, dentro de su pensum, en sus materias iniciales deben brindar estos contenidos que le permitan cumplir con la función comentada previamente. Este tipo de materias podría tener la analogía de “el tráiler de la película”; es decir, que estas materias deberían captar la atención y curiosidad, y cautivar a los estudiantes, si el plan es mantenerlos en esta carrera.

 

Asimismo, el docente, dentro de su experiencia, carisma, vocación y conocimientos, va avanzando en las sesiones de aprendizaje compartiendo con dichos estudiantes toda la temática perteneciente al curso, propiciando la participación activa, el trabajo en equipo, el análisis, las opiniones fundamentadas, en cada uno de los protagonistas del encuentro. Éste [el docente] irá encausando cada una de las intervenciones y actividades realizadas por los aprendices, siempre dentro del marco del propósito pedagógico o educativo.

 


Pero, ¿Qué ocurriría cuando los contenidos, los materiales de estudio, la orientación docente se desvía de dichos propósitos pedagógicos o educativos? Posiblemente, los estudiantes comiencen a perder la motivación e interés iniciales, que los movieron a inscribirse en determinada carrera universitaria; en otras palabras, podrían considerar la poca pertinencia dentro de dicha carrera.

 

En este orden de ideas, según Malagón Plata (2009)[1], el enfoque, organización y orientación que presente un programa curricular (pensum) pueden brindar en el estudiante una mejor forma de conexión con su entorno laboral real conocido y, al mismo tiempo, habría una mejor disposición para considerar que las materias [de la carrera] que está comenzando a estudiar tienen una mayor pertinencia social y aplicabilidad.

 


Finalmente, y de acuerdo con Cruz Díaz y Cuadra Baquedano (2017)[2], los materiales didácticos son de gran valor dentro del proceso educativo, ya que en la medida en el que el estudiante se va identificando y apropiando con ellos, facilitará la comprensión y aprehensión de los contenidos del curso. Es por ello que en el docente recae una gran responsabilidad en el proceso de enamoramiento inicial del estudiante en la carrera; es decir, en la forma en cómo se presenta “el tráiler de la película”.



[1] Malagón Plata, Luis Alberto (2009). LA PERTINENCIA CURRICULAR: UN ESTUDIO EN TRES PROGRAMAS UNIVERSITARIOS. Revista Educ.Educ., Abril 2009, Volumen 12, Número 1, Páginas 11-27. Disponible en: http://www.scielo.org.co/pdf/eded/v12n1/v12n1a03.pdf (Consulta: 06-Mayo-2022).

[2] Cruz Díaz, Rocío; Cuadra Baquedano, Nora (2019). ANÁLISIS DEL DESEMPEÑO LABORAL DE LOS GRADUADOS UNIVERSITARIOS DESDE SU PROPIA PERSPECTIVA. ESTUDIOS EN LENGUA Y LITERATURA HISPÁNICAS DE LA FACULTAD DE EDUCACIÓN E IDIOMAS DE LA UNAM-MANAGUA. Revista Electrónica Torreón Universitario. Año 6, Número15, Página 59-74. Febrero - Mayo 2017. Disponible en: https://www.researchgate.net/figure/Figura-2-Pertinencia-de-los-materiales-didacticos-Elaboracion-propia-Item-2-Los_fig2_322210977 (Consulta: 06-Mayo-2022).

martes, 3 de mayo de 2022

APRENDIZAJE COOPERATIVO EN EL AULA UNIVERSITARIA

 APRENDIZAJE COOPERATIVO EN EL AULA UNIVERSITARIA

Arq. Enrique Adolfo Simmonds Barrios, MSc.

Docente de Dibujo y Diseño por Computador (Ing. Industrial)

Bogotá; Mayo 03/2022.

 

Dentro del proceso formativo en un entorno universitario es común enfatizar en los estudiantes el papel que juega dicho entorno y su relación con el ambiente laboral. En muchas situaciones en común encontrar con aprendices que, dentro de actividades educativas, son más dados a realizar tales tareas de manera personal o individual, y otros, a ejecutarlas en equipos. Sin embargo, es importante reconocer que, en entornos laborales, en gran parte de estos escenarios, todos los profesionales interactúan con otros en pro de alcanzar determinados proyectos.

 


En este sentido, se podría entonces traer a colación un término que es bastante aplicado en los entornos educativos universitarios: aprendizaje cooperativo. A este respecto, Díaz Bariga y Hernández Rojas (2010)[1], comentan que la cooperación consiste en trabajar juntos para alcanzar objetivos comunes, ya que los estudiantes buscan obtener resultados que sean de beneficio para todos.

 

Asimismo, los mismos autores afirman que los equipos trabajan de forma conjunta, ardua y responsable hasta llegar a completar las actividades con éxito, dando a entender que el esfuerzo de cada integrante es tan valioso como el del resto si se busca la excelencia en un producto determinado. Un escenario bastante similar a lo encontrado en los entornos laborales a los cuales todo profesional suele enfrentarse.

 

Adicionalmente, Jhonson, Jhonson y Holubec (1999)[2], sostienen que la participación directa de cada uno de los involucrados es crucial en las tareas a realizar. Citando una analogía de los autores con un juego de béisbol, los estudiantes no pueden asistir al encuentro y quedarse como simples espectadores de lo que está ocurriendo; deben involucrarse activamente para conseguir los resultados esperados.

 


En este orden de ideas, Díaz Bariga y Hernández Rojas comentan que el uso de este tipo actividades dentro del aula puede arrojar grandes beneficios y efectos positivos en el alumnado y su rendimiento académico, como los siguientes:

·         Aumento de rendimiento académico, mediante la adquisición, retención y transferencia de conocimientos.

·         Mejores relaciones socioafectivas, incrementando su respeto mutuo, solidaridad en cada uno de los integrantes.

·         Conformación de grupos de trabajo reducidos (entre 5 a 6 personas) para lograr mejores productos de aprendizaje. Según los autores, en la medida que se aumentaba el número de integrantes, su rendimiento era menor.

 

Aunado a lo anterior, los mismos autores anteriormente citados exponen unos componentes básicos del aprendizaje cooperativo, tales como:

·         Interdependencia positiva.

·         Interacción promocional cara a cara.

·         Responsabilidad y valoración personal.

·         Habilidades interpersonales y de manejo de grupos pequeños.

·         Procesamiento en grupos.

 

A modo de síntesis, el aprendizaje cooperativo en el aula es una metodología que se ha podido observar cómo otorga un alto grado compenetración entre los involucrados en aras de obtener el éxito educativo en una producción determinada, donde cada uno de ellos funciona a manera de engrane de un reloj: si alguna de esas piezas no funciona de manera correcta, difícilmente el resultado sea el esperado. Aquí el rol del docente también tiene una gran influencia y también, como lo afirman Jhonson, Jhonson y Holubec, es multifacético. Será uno de los primeros en tomar decisiones antes de abordar la enseñanza, deberá mantener un seguimiento y monitoreo constante en el desarrollo de sus actividades, debe supervisar el trabajo de los equipos, evaluar el nivel de aprendizaje y también, el velar porque todos esos componentes de este tipo de aprendizaje se llevan a cabo apropiadamente.



[1] Díaz Barriga, Frida; Hernández Rojas, Gerardo (2010). ESTRATEGIAS DOCENTES PARA UN APRENDIZAJE SIGNIFICATIVO: UNA INTERPRETACIÓN CONSTRUCTIVISTA. 3ra Edición. McGraw Hill. México.

[2] Jhonson, David W.; Jhonson, Roger T.; Holubec, Edythe J. (1999). EL APRENDIZAJE COOPERATIVO EN AULA (COOPERATIVE LEARNING IN THE CLASSROOM). Editorial Paidós SAICF. Buenos Aires. Disponible en: https://www.ucm.es/data/cont/docs/1626-2019-03-15-JOHNSON%20El%20aprendizaje%20cooperativo%20en%20el%20aula.pdf (Consulta: 03-Mayo-2022).

jueves, 24 de marzo de 2022

¿DISMINUCIÓN DEL NIVEL DE EXIGENCIA EN LA FORMACIÓN UNIVERSITARIA DE ESTUDIANTES DE ARQUITECTURA?

¿DISMINUCIÓN DEL NIVEL DE EXIGENCIA EN LA FORMACIÓN UNIVERSITARIA DE ESTUDIANTES DE ARQUITECTURA?

 

Arq. Enrique Adolfo Simmonds Barrios, MSc.

Bogotá; Marzo 23/2022.

 

Cuando hablamos de procesos educativos o formativos necesariamente estamos hablando de un proceso en el cual nuestros conocimientos, destrezas, habilidades deben ir en aumento; es decir, es un proceso de evolución. Unos autores hablan que nuestro conocimiento puede representarse como una serie de circunferencias concéntricas en la que la más pequeña, la interior, suele representar aquella información con el menor nivel de exigencia, complejidad, aplicabilidad, dificultad, y en la medida en la que vamos dominando cada una de esas circunferencias, estos niveles anteriormente mencionados van aumentando: esto es lo que hace que nuestros procesos formativos o educativos representen un proceso evolutivo.

 


 

Ahora bien, partiendo de este supuesto habría que reflejar dicha información en nuestros escenarios educativos, que, al fin y al cabo, son los escenarios reales y cotidianos a los cuales nos enfrentamos como formadores. Así pues, sería entonces inevitable preguntarnos ¿Podemos evidenciar en nuestros estudiantes que realmente sus conocimientos, habilidades, destrezas en cada una de las materias van en aumento o evolución, con respecto a las asignaturas anteriores? ¿Es fácil para ellos reconocer que están recorriendo este camino evolutivo? ¿Nosotros, en tanto docentes, con nuestras prácticas educativas, propendemos a que dichos conocimientos, destrezas, habilidades vayan en evolución o en aumento? Posiblemente sean muchos cuestionamientos que, junto a las anteriores, surjan en este momento, sin embargo, las siguientes líneas buscan es presentar una reflexión a raíz que de lo que se vive a diario en nuestras aulas.

 

Todos aquellos que somos arquitectos sabemos que es una carrera con un alto grado de complejidad, exigencia, dedicación, trabajo, esfuerzo, etc., en tanto que se entremezclan factores humanos, sociales, psicológicos, ambientales, legales, creativos, de satisfacción de necesidades, los cuales se deben conjugar armónicamente en un hecho arquitectónico. Asimismo, todos aquellos que somos arquitectos también sabemos que esta es una carrera altamente demandante, refiriéndonos especialmente al tiempo, ya que el proceso creativo, de ideación, de investigación y maduración de un proyecto arquitectónico requiere mucho más que un par de horas de clases al día. Pero esto parece ser un hecho que no está completamente claro para algunas personas que deciden embarcarse en este programa educativo específico.

 

De acuerdo con el portal Estudiar Arquitectura[1], esta carrera es una de ésas que exige más tiempo que el promedio, donde a lo largo de todo el programa se tendrá que invertir, sin lugar a dudas, de muchas horas de desvelo haciendo dibujos, planos, maquetas, diseños, y es por eso que, toda persona que se plantea cursar estos estudios debe saber a lo que se enfrentará. Es también una carrea que requiere mucha disciplina, responsabilidad, constancia, compromiso, entre otras.

 

Aunado a lo anterior, el portal No Sé Qué Estudiar[2], refuerza lo planteado en que esta es un área de conocimiento que implica muchas horas de estudio, lectura, trabajo, dibujo de planos, elaboración de maquetas, y que, muy probablemente, puede resultar abrumador el tiempo que debe emplearse a cada una de las materias del este programa. En algunos casos hasta requiere sacrificar ciertos tiempos de conveniencia e interacción social en aras de dar una adecuada respuesta al requerimiento que determinada materia tiene y, por ende, esto se traducirá en éxito estudiantil.

 

Así como pasa en otras carreras, en arquitectura los docentes, en la medida que vamos avanzando en las sesiones de aprendizaje, vamos elevando el nivel de dificultad, exigencia, profundidad de contenidos. Con el transcurrir de los días estos parámetros los vamos incrementando; es decir, y como es dicho en la jerga coloquial, vamos ajustando las tuercas del aprendizaje. A algunos estudiantes les cuesta mucho acoplarse a este ritmo o responder adecuadamente, en especial cuando tenemos cursos que se desarrollan en un mes.



 

En este sentido, cuando esto va desarrollándose paulatinamente los estudiantes comienzan a plantear excusas y pretextos del ritmo educativo, ya que alegan que son personas que trabajan, tienen hijos, tienen familias, tienen compromisos laborales que se llevan a casa, etc., y hasta han sugerido explícitamente que por qué todas las actividades, trabajos, tareas y todo lo relacionado con la materia no se desarrollan en esos 120 minutos de clases que dura cada sesión de aprendizaje.

 

Es aquí cuando traigo a colación lo planteado previamente en que todas aquellas personas que deciden estudiar arquitectura deben tener un alto grado de claridad, conciencia y responsabilidad en el reto que van a comenzar a asumir, para posteriormente no atravesar por insatisfacciones, frustraciones, molestias relacionadas con la inversión de tiempo que se debe tener para con cada materia que se está cursando; esto aunado a que existen personas que, por su forma específica de aprender, requieren un poco más de tiempo que otras.

 

Nuestras prácticas educativas siempre deben estar enmarcadas en la calidad, exigencia hacia los estudiantes, progresiva dificultad en los temas que se tratan en clases, seguimiento de instrucciones o parámetros específicos, entre otras, esto hará de ellos mejores profesionales, con un alto grado de preparación académica e intelectual que respondan acertadamente a las realidades laborales que cada día van surgiendo.

 

Para finalizar este espacio de reflexión, deseo compartir un punto tomado de un ensayo de José Benito Flores Juárez, docente e investigador (2017)[3], centrado en la exigencia académica en el aula universitaria, específicamente acerca del profesor exigente. Según lo planteado por el autor de dicho ensayo se puede elaborar una propuesta de perfil de los profesores exigentes:

·         Establecen y cumplen normas y reglamentos.

·         Diseñan detalladamente sus cursos.

·         Son cumplidos, responsables e íntegros.

·         Enseñan con entusiasmo [que contagia al grupo].

·         Encargan actividades retadoras y provechosas que formen el aprendizaje activo.

·         Son rigurosos al calificar.

·         Tienen altas expectativas de los alumnos.

·         Retroalimentan oportuna y atinadamente.

·         Establecen una relación madura y sólida con sus estudiantes.

Como resultado de esto, los estudiantes aprenden más y están más satisfechos con su experiencia educativa.



[1] Portal Arquitectura (2022). ¿Es difícil estudiar Arquitectura? Disponible en: https://estudiararquitectura.com/es-dificil-estudiar-arquitectura/ (Consulta: 23/Marzo/2022).

[2] Portal No Sé Qué Estudiar (2022). Ventajas y Desventajas de Estudiar Arquitectura. Disponible en: https://www.nosequeestudiar.net/carreras/arquitectura/ventajas-y-desventajas-de-estudiar-arquitectura/ (Consulta: 23/Marzo/2022).

[3] Flores Juárez, José Benito (2017). Exigencia Académica en el Aula Universitaria: Un Ensayo sobre Rigor y Exigencia en Universidades Mexicanas. Disponible en: https://hablandoderecho.wordpress.com/2015/02/10/exigencia-academica-en-el-aula-universitaria-un-ensayo-sobre-rigor-y-exigencia-en-universidades-mexicanas/ (Consulta: 23/Marzo/2022).

jueves, 23 de septiembre de 2021

EL VALOR DE LA EMPATIA EN EL QUEHACER EDUCATIVO UNIVERSITARIO

EL VALOR DE LA EMPATIA EN EL QUEHACER EDUCATIVO UNIVERSITARIO


Arq. Enrique Adolfo Simmonds Barrios, MSc.

Bogotá; Septiembre 21/2021.

 

Dentro de la jerga popular hay un dicho que reza “Se atrapan más moscas con miel que con hiel” y muchas interpretaciones han surgido a raíz de éste. Sin embargo, todas ellas parecen tener un punto en común: la empatía. Según la Real Academia Española[1] la empatía es el sentimiento o la capacidad de identificarse con alguien y con sus sentimientos; es decir, es como si una persona lograse ponerse en los zapatos de la otra. Al mismo tiempo, la psicóloga Sara Montejano (2019)[2], en su blog profesional PsicoGlobal, complementa lo anterior diciendo que la empatía es uno de los requisitos de la inteligencia emocional y está vinculada con la compresión, el apoyo y la escucha activa. Extrapolando este término a la educación valdría la pena preguntarse ¿Qué valor tiene entonces la empatía en el quehacer educativo universitario? Esta será la interrogante que nos ayudará a orientar nuestra presente reflexión.


Fuente: https://www.nwea.org/blog/2017/11-talking-points-for-teachers-preparing-students-for-the-map-test/



Según Martínez-Otero (2011)[3], la empatía supone la comprensión profunda, intelectual y emocional, de la situación vital del otro; es decir, los aspectos cognitivos y los emocionales son los que mayormente entran en este juego, siendo esta [la empatía] el punto de partida de las relaciones sociales positivas, teniendo implicaciones en todos los ámbitos: familia, escuela, trabajo, sociedad. Podría decirse entonces que, la empatía es uno de los aspectos más relevantes que debe sobresalir en nuestras prácticas educativas, puesto que, en la medida en que somos humanos y compartimos dicha humanidad entre docentes y estudiantes, la empatía brindará un mayor grado de conexión y compenetración entre los integrantes del grupo.


Fuente: https://www.understood.org/articles/en/teaching-with-empathy-why-its-important


A este respecto, y retomando las ideas del autor anteriormente citado, es de vital importancia que dentro de las instituciones educativas (sin importar las modalidades: virtual o presencial) se fomenten ambientes de cordialidad y confianza que permitan al estudiante sentirse aceptado, valorado, seguro. En la medida en que un educando pueda afianzar lo anterior, en esa misma medida, tendrá mejores experiencias de aprendizaje, sentirá más confianza en sí mismo dentro de cada actividad que realice, tendrá en todo momento una buena disposición para el aprendizaje y práctica de contenidos educativos. Daniel Goleman, citado por Martínez-Otero (2011), comenta que la “insuficiencia empática” en entornos educativos podría ser muy negativa, ya que puede tener un elevado costo emocional percibido incluso en edades adultas; cuando el estudiante no se perciba aceptado, valorado e inseguro, habría más posibilidades de que éste no se sienta en sintonía con el proceso educativo que está llevando.


Fuente: https://www.cambridge.org/elt/blog/2018/12/06/creative-role-play-activity-using-improvisation/


En este mismo orden de ideas, Moreno (2019)[4] en el blog educativo Educación 3.0 afirma que el valor de la empatía en los docentes ejerce un fuerte poder sobre los estudiantes ya que los motiva, los estimula y es un punto clave para su desarrollo académico: esto se traduce en una formación de calidad. Con esto se podría pensar que la empatía establece una especie de vínculo o conexión cognitivo-afectiva entre docente y estudiantes que permite fundamentar el hecho educativo sobre realidades personales individuales contextualizadas.


Fuente: https://www.graduateprogram.org/2020/12/assisting-with-individual-professional-development-goals-for-teachers/


Asimismo, prosigue la articulista citada anteriormente, para ser un profesor empático y convertirse en un referente en la educación de los estudiantes es necesario comenzar por tener una escucha activa, esta característica mejora la relación profesor-estudiantes. Dentro de esta cualidad podría decirse que está el interesarse por la opinión del alumno, comprenderlo y brindarle apoyo emocional para entender cómo se siente en un momento determinado. La psicóloga Mercedes Bermejo, citada por Moreno (2019) sostiene: “Para afianzar la adquisición del aprendizaje, este debe ir unido a lo emocional porque con afecto todo se interioriza mejor”. Estas palabras brindarían sustento a la idea inicial de esta reflexión que partió del dicho popular. Adicional a lo anterior, el docente debe saber escuchar a los estudiantes, interpretar las señales no verbales de ellos, mostrar compresión y brindar ayuda emocional personalizada.

Conjuntamente, retomando las ideas de Montejano (2019) y complementando lo expuesto en el párrafo anterior, una persona empática es capaz de demostrar una serie de características dentro de su cotidianidad, en nuestro caso de reflexión, el quehacer educativo. Según la psicóloga, éstas son:

·         Sensibilidad de sentir lo que otros sienten, pero sin que esto se convierta en arma de doble filo; es decir, manteniendo una “distancia educativa óptima”[5].

·         Gusto por escuchar, analizando el porqué de lo que está sintiendo la persona y buscan dar respuesta acorde a ello.

·         No son extremistas, reconociendo que todo no es blanco o negro, sino que en medio hay una amplia gama de grises.

·         Son respetuosas y tolerantes, especialmente ante las decisiones tomadas por otros, aunque ellos no hubiesen tomado esas mismas decisiones.

·         Entienden la comunicación no verbal, atendiendo también a los gestos, miradas, inflexiones, tonos de voz.

·         Creen en la bondad de las personas, partiendo siempre del principio que toda persona es buena, por lo menos hasta que no se demuestre lo contrario.

·         Pueden tener un estilo de comunicación pasivo, dejando de lado sus propios intereses y derechos, en pro de la empatía.

·         Hablan con cuidado, midiendo siempre sus palabras, ya que saben que según como digan las cosas podrían lastimar a la otra persona.

·         Entienden que cada persona es diferente, sabiendo tratar a cada persona acorde a sus circunstancias personales y particulares.


Fuente: https://www.teach.org/explore-teaching


Finalmente, lo anteriormente expresado ofrece un sustento al valor que tiene la empatía en la formación, y se aprecia que no es sólo se da en un ámbito universitario, sino en cualquier nivel educativo, siendo ésta un aspecto fundamental dentro de todo proceso formativo, intentando con esto llegar a adoptar un “estilo educativo empático”. Según es dicho por Martínez-Otero (2011), este estilo puede entenderse como un proceso cognitivo y afectivo de acercarse a la realidad emocional de los educandos, permitiendo condicionar y caracterizar la manera de conocer y sentir los estados emocionales ajenos, y es por ello que los programas educativos deben contemplar su cultivo en cada uno de los programas, cursos, asignaturas o materias.



[1] Diccionario de la Real Academia Española (2014). 23va Edición. Disponible en: https://dle.rae.es/empat%C3%ADa (Consulta: 21/Sep/2021).

[2] Montejano, Sara (2019). ¿Qué es la empatía y cómo desarrollarla? Blog profesional PsicoGlobal. Disponible en: https://www.psicoglobal.com/blog/empatia-desarrollo (Consulta: 21/Sep/2021).

[3] Martínez-Otero Pérez, Valentín (2011). La empatía en la educación: Estudio de una muestra de alumnos universitarios. Revista Electrónica de Psicología Iztacala. Volumen 14, Número 4. Universidad Nacional Autónoma de México. Disponible en: https://www.medigraphic.com/pdfs/epsicologia/epi-2011/epi114j.pdf (Consulta: 21/Sep/2021).

[4] Moreno, Marta (2019). La importancia de la empatía en la profesión docente. Blog Educativo Educación 3.0. Disponible en: https://www.educaciontrespuntocero.com/noticias/importancia-de-la-empatia-docente/ (Consulta: 21/Sep/2021).

[5] Término planteado por Martínez-Otero (2011) en sus conclusiones. 

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